viernes, 9 de septiembre de 2011

Un gran oso

-¿Quieres volver?
- No hay salida.

Se encienden las luces. Lo que imaginaba, habitación pequeña y sin ventanas, aire viciado, sudor en mi frente y un enorme oso bicéfalo emanando del pecho de mi captor, iluminado por la parpadeante luz de los cuatro fluorescentes del bajo techo. Siento las frías baldosas en mis rodillas y mis ojos no se acostumbran a la iluminación de la sala tras tanto tiempo sumidos en la oscuridad.
Me ofrece un cigarrillo, lo rechazo. Tal acto de falsa compasión no puede augurar nada bueno.
Un fuerte golpe en el costado me corta la respiración y vuelvo a la negrura.

Abro los ojos de nuevo. El cañón de la escopeta se sitúa entre mis labios temblorosos. Se lo que va a pasar. Quiero una explicación.
Le miro a los ojos e intuyo felicidad. Trato de suplicarle con la mirada que no lo haga, aunque se que es en vano.
Supongo que así es la vida, te destroza sin razones. No hay nada detrás. Adiós.

martes, 26 de julio de 2011

Eleanor Rigby

Observa tu alrededor. Si no ves nada esto es para ti. Vive en un sueño. No perteneces a nadie. Remordimiento y pena finalmente saldrán, sí, mas los violines están ahora contigo. Viajo. Lineas infinitas conectan dos vidas opuestas reproduciéndose dentro del mismo pecho. Concéntrate lentamente en tu nombre, acabarás hallando un sinsentido. Ahora levanta, arrastra esa lágrima a otro lugar y camina sin buscar, pues te acabarás destruyendo. Observa tu alrededor. Si no ves nada, esto es para ti.

jueves, 23 de junio de 2011

Cuando lo innato susurra

Se nace y se muere. Entre todo esto todo se basa en satisfacer y alimentar las necesidades y obligaciones de lo innato. La vida es con lo que naces, y mueres con lo que vives. La búsqueda del talento, de algo poseedor de satisfacción. Ahí encuentro la razón de lo existente entre nacimiento y defunción. Antes o después, siempre se halla. Desnuda el alma y embellece la mente. A mi me desnuda la mente y me embellece el alma.

domingo, 19 de junio de 2011

Desprecio

Una y otra vez, se repite. Me siento culpable, culpable de haberme dejado llevar hasta tal situación de difuminación interior. Amor y desprecio, tu alma te imposibilita concebirlos por separado. Se me inunda el pecho de pesar, de lágrimas los ojos y de cansancio las piernas al seguir con prisa tus lentos pasos. Mas si amor y desprecio no aparecen separadamente, si lo han de hacer en su final. Elige uno de ellos, separa el indeseado. Grítalo, escúpelo y ahuyéntalo. Así quedarás idealizado, ligado a un seguro más que despreciable sentimiento del cual jamás conseguirás desprenderte. Ninguno más. Te acabará matando.