viernes, 9 de septiembre de 2011

Un gran oso

-¿Quieres volver?
- No hay salida.

Se encienden las luces. Lo que imaginaba, habitación pequeña y sin ventanas, aire viciado, sudor en mi frente y un enorme oso bicéfalo emanando del pecho de mi captor, iluminado por la parpadeante luz de los cuatro fluorescentes del bajo techo. Siento las frías baldosas en mis rodillas y mis ojos no se acostumbran a la iluminación de la sala tras tanto tiempo sumidos en la oscuridad.
Me ofrece un cigarrillo, lo rechazo. Tal acto de falsa compasión no puede augurar nada bueno.
Un fuerte golpe en el costado me corta la respiración y vuelvo a la negrura.

Abro los ojos de nuevo. El cañón de la escopeta se sitúa entre mis labios temblorosos. Se lo que va a pasar. Quiero una explicación.
Le miro a los ojos e intuyo felicidad. Trato de suplicarle con la mirada que no lo haga, aunque se que es en vano.
Supongo que así es la vida, te destroza sin razones. No hay nada detrás. Adiós.